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Proteger los derechos reproductivos consiste en apoyar a las mujeres a asumir el control al que tienen derecho.

 

Escrito por Christine Galavotti y Casey Williams

 

En este momento, en todas partes del mundo, hay mujeres teniendo relaciones sexuales.

Algunas utilizan píldoras anticonceptivas, otras pueden sacar condones de un cajón, sin embargo, a demasiadas mujeres, especialmente en países en vías de desarrollo todavía se les niega su derecho humano básico de elegir sí, cuándo y cuántos hijxs quieren tener.

 

El 11 de Julio, Día Mundial de Población, organizaciones de salud y jefes de Estado se reunirán en Londres en la Cumbre de Planeación Familiar de 2017, para evaluar el progreso hacia un mayor acceso a la planeación familiar para mujeres y niñas alrededor del mundo. A medida que se acerca el día debemos recordar que proteger los derechos reproductivos de las mujeres no se trata de reducir la población, aliviar las cargas de recursos, disminuir las emisiones de carbón o reforzar los esfuerzos de conservación ecológica. Los derechos reproductivos consisten en apoyar a las mujeres a asumir el control al que tienen derecho.

 

Sorprendentemente no todos están de acuerdo. El artículo de opinión de Eugene Linden, “¿Recuerdas la bomba de población? Todavía está marcando”, ejemplifica un tipo peligroso y persistente de alarmismo sobre población que considera que la anticoncepción no es un derecho sino una manera de contener “las mareas de gente” huyendo de países ambientalmente devastados y llegando a las puertas de los países del oeste.

 

Olvidemos el colonialismo, los ajustes estructurales, el racismo y el VIH, para los países en aprietos como Lesotho, según la perspectiva de Linden, “el problema más grande fue y es, lo obvio: demasiadas personas”.  Menos explícito pero no menos dañino es la creciente narrativa que dice que el empoderamiento de las mujeres y las niñas es una de las maneras menos costosas, atendiendo al análisis costo-beneficio para resolver la crisis climática: cuando las mujeres se sienten empoderadas, tienen menos hijxs y menos niñxs significa menos emisiones de carbono.

 

Es un argumento antiguo y engreído. Considerar la planeación familiar en países subdesarrollados como una solución para la escasez de recursos, la migración o el aumento de emisiones de carbono no sólo culpa de manera injusta a las mujeres sino que también falla en identificar el verdadero problema. No es la población la culpable de estos problemas sino las desigualdades globales -en términos de consumo de recursos, acceso a servicios de salud, poder político, etc.- las que determinan cuáles países tienen recursos en abundancia y cuáles no tienen recursos suficientes.  

 

Los países ricos usan la mayor cantidad de recursos y producen la mayor cantidad de gases de efecto invernadero. Desde 1980 a 2005, las naciones ricas representaron 29.1% de las emisiones de carbono pero tan solo 7.2% del crecimiento poblacional. Naciones pobres, por el otro lado, representaron 52.1% del crecimiento poblacional pero sólo 12.8% de las emisiones de carbono.

 

El sobreconsumo de productos intensivos en carbono, en su gran mayoría por parte de naciones industrializadas, impulsa el cambio climático y sus efectos, no las altas tasas de fecundidad en países en vías de desarrollo.

De hecho las altas tasas de fecundidad reflejan los mismos desequilibrios de recursos y poder que permiten que el cambio climático afecte de manera tan desigual a distintas partes del mundo. Al igual que las desigualdades mundiales imponen a los países en desarrollo los costos del cambio climático, la desigualdad de género y el acceso inconsistente a la información y anticonceptivos niegan a mujeres y niñas de todo el mundo el control sobre su reproducción.

 

Pero sí el alarmismo sobre la población ayuda a las mujeres pobres a tener acceso a anticonceptivos, ¿esta narrativa es mala?

 

Cuando las personas usan el concepto de que la  “sobrepoblación” destruirá el planeta, lo que quieren decir es que la gente pobre le está haciendo más difícil a la gente rica vivir la vida que ellxs creen que se merecen y a la cual están acostumbradxs. Cuando culpamos a la fertilidad de las mujeres pobres de la escasez de recursos o el cambio climático, dejamos de poner atención en éstas desigualdades flagrantes y permitimos a las personas y los gobiernos con más poder eludir la responsabilidad de abordar el cambio climático, la inseguridad alimentaria y otras crisis ambientales.

Además pensar en el acceso a anticonceptivos como un medio para un fin, sin importar que tan honorable sea ese fin, es peligroso. De esta manera se ignora el hecho de que la elección reproductiva es un derecho básico, y promueve la creación de una idea de los cuerpos de las mujeres como herramientas para resolver problemas que ellas no crearon.

 

Tal como las desigualdades establecidas determinan “quién come primero y quién come lo peor”, quien vive en los lugares más peligrosos del mundo y quien vive en la Quinta Avenida en Nueva York, determina quién puede decidir si, cuándo y cuántos hijxs tener.

A menos que desafiemos y cambiemos estas desigualdades, la gente pobre permanecerá tan vulnerable frente a los efectos devastadores de la pobreza y el cambio climático como lo están ahora y no tendrán comida suficiente para alimentar a sus familias, sin importar el tamaño que tenga.

 

Entonces en vez de preocuparnos sobre la “sobrepoblación”, ataquemos las desigualdades que sostienen la pobreza e impulsan la migración, el cambio climático y las altas tasas de fertilidad. Podemos hacerlo sin culpar a los pobres y sin socavar los derechos de mujeres a la autodeterminación reproductiva.

 

Nuestra causa común es trabajar para expandir igualdad y libertad para mujeres y niñas sin importar donde viven, así que unamos fuerzas para deshacer el planeta de las injusticias que son la verdadera amenaza a nuestros futuros. Porque sí mujeres y niñas en comunidades pobres alrededor del mundo tienen acceso justo a educación, recursos y poder político y sí - a la planificación familiar - podrían cambiar el mundo.

 

*Christine Galavotti es la Directora de Salud Sexual y Derechos Reproductivos en CARE USA y dirige el trabajo global de CARE para ayudar a 100 millones de mujeres y niñas a ejercer sus derechos a salud sexual, reproductiva y materna antes de 2020.

*Casey Williams es una estudiante de doctorado en literatura en la Universidad de Duke y es escritora independiente.